01/09/2013 / CAVE COVA / VALENCIA / – Mayores maltratados Por María José Navarro

Precisamente estaba pensando hablar sobre el maltrato que sufren las personas mayores cuando leo la noticia de la detención del hijo de una anciana fallecida entre la más absoluta suciedad, inmundicia y totalmente desnutrida, con un peso de tan solo 25 kilos, lo que no deja lugar a dudas sobre su fatal destino.

Y es que éste es un tema tabú del que no se suele hablar demasiado, y aunque nos cueste creerlo, la realidad es que muchas personas mayores sufren malos tratos en sus propias casas y rodeados por sus familiares más cercanos.

Hay malos tratos de muy diversa índole: pueden ser malos tratos físicos, psicológicos, económicos, sexuales, espirituales, violación de derechos, negligencias, negligencias con medicamentos… Sin embargo, existen otras situaciones, como la falta de conocimientos gerontológicos por parte de los cuidadores y familiares, o los cambios continuos de residencia u hogar, estando unas temporadas con unos familiares y otras con otros, sin llegar a tener en cuenta las necesidades del/a anciano/a en cuanto a tener un hogar de referencia y de pertenencia, que aunque no hay intención de causar daño al/la anciano/a, sin embargo, se le produce sufrimiento psicológico.

Según un estudio realizado por el Centro Reina Sofía en 2008 bajo el título “Maltrato de personas mayores en la familia en España” existen diferentes factores de riesgo, llevándose la palma las mujeres en un 66% de los casos, seguido por las personas con un nivel de dependencia alto. Evidentemente, estas personas tienen muy pocas posibilidades de denunciar a sus maltratadores, por lo que solemos enterarnos demasiado tarde de estas situaciones.

Según el mismo estudio, en cuanto al perfil del agresor se puede decir que los hombres tienden más al maltrato físico y las mujeres a la negligencia, que suelen ser los hijos o la pareja de la víctima, que suelen tener una dependencia económica respecto de la víctima y que pueden tener algún trastorno psicológico o abuso de sustancias o estar sometidos a estrés.

Está claro que en esta sociedad consumista, estresante, y sobre todo, en la sociedad de crisis económica y de valores, en la que nos hallamos inmersos, queda poco espacio para nuestros mayores, que acaban resultando un estorbo para las familias por falta de tiempo, de cultura de cuidados y de recursos económicos, que hace que los últimos años de la vida de algunos ancianos se vea convertida en una pesadilla de la que no pueden salir.

Lo peor es que cada año que pasa esta sociedad ser hace más vieja y con menos recursos y se tendrán que establecer vías de solución adecuadas para que los yayos y las yayas tengan (tengamos) la vejez que merecen después de toda una vida de trabajo, así como el fomento de las relaciones intergeneracionales. Algo así como “Pon un mayor en tu vida”…

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